Dracma presenta: Another paint on the wall

“¡Capullo! ¡Capullo! ¡CAPULLO!” Con cada nuevo golpe al saco Lisa pensaba en Paul.
Nunca se había sentido así de estúpida. Era el colmo del patetismo. Por lo visto todo el mundo lo sabía menos ella. El gilipollas de Paul se había beneficiado a todas las tías disponibles de su alrededor, y ella en su mundo, y por supuesto nadie iba a ir a contarle nada siendo eso directamente ganas de tener problemas con Paul y los cachas descerebrados de sus amigos. Ni nadie era tan tonto ni ella le interesaba tanto a alguien.
“¿Pero desde cuándo coño pasa? ¿Y cómo no he podido darme cuenta? Lo peor es que la culpa es mía, por confiar en alguien como él.”
Remontemos:
Lisa pasó por una tortuosa relación hacía un tiempo, tras la cual no quería saber nada de tíos. Quedó bastante baja de moral y ánimos para como era ella, y entonces Paul, un viejo conocido reapareció en su vida. Estaba muy confusa, y él parecía ser un buen chico en el que se podía confiar, y ella le importaba. No se podía decir que no hubiera sido insistente; cada día iba a buscarla, se interesaba por su estado de ánimo, le ayudaba con las cosas de clase, le hacía regalos y le escribía cartas que dejaba en su taquilla, que fue lo que la convenció finalmente. Es cierto que Paul no tenía muy buena fama, pero ella siempre había detestado a la gente que se dejaba guiar por la fama y las apariencias, y Paul con ella había sido un buen chico. Eso es lo que más le mataba. Ya no sabía si lo era realmente o era todo fachada. Había vuelto a confiar, y se la habían vuelto a jugar.

“Cabrón mentiroso..” Ahora estaba en su cama mientras no podía aguantarse las lágrimas y se moría de ganas de gritar, pero no tenía suficientes fuerzas para irse hasta el río a hacerlo, que es donde le gustaba hacerlo a ella porque no había madres que se quejaran ni hermanos pequeños que molestaran. El móvil llevaba horas sonando con pequeñas treguas. “Ahora sí que piensas en mí, ¿eh cabrón? Mientras ibas repasándote a cada tía estoy segura de que no.” Lo peor (o quizás lo mejor) es que sabía que el enfado se le pasaría, y que ni siquiera le guardaría rencor, pero en esos momentos le mataría.
Los días fueron pasando con la misma insistencia por parte de Paul, y como única respuesta de Lisa la indiferencia, hasta que empezó a ver algo que no pudo seguir dejándola así.
En las fachadas del muro que rodeaba su urbanización alguien (obviamente Paul) había hecho pintadas en las que le pedía perdón y le decía que le quería mucho y que volviera con él.
“¿Pero qué se cree ese, que mi perdón se consigue con pintadas?” Nada de eso iba a hacer que le perdonara. ¿Qué eran unas pintadas en la calle después de haberla engañado de esa forma?
Por supuesto todo el instituto vio las pintadas y ahora sí que venían a hablar con ella, aunque era para decirle que debería perdonar a Paul. Afortunadamente Lisa nunca hizo demasiado caso a lo que los demás decían, así que un día decidió armarse de valor y terminar con todo aquello.
“Muy bien, ya que parece que todo el mundo está involucrado en esto como si se tratara de sus propias vidas, se enterarán de todo” Así que papel y boli en mano decidió escribir todo lo que sentía, y cuando hubo terminado escogió la parte final e hizo montones de copias que colgó por todo el instituto, y como final, fue a donde estaba Paul y le dio la copia original, donde podía leerse:

“Con palabras te acercaste y con palabras intentas volver. Lo que ocurre, querido Paul, es que tus palabras ya no sirven para nada.
You lost. Goodbye.”

PD: Puedes encontrar más relatos en Dracma.

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