No al maltrato de la mujer: Bye bye

“¿Amor o simplemente rutina? Esa es la pregunta que me hago cada día, cada minuto en el que intento salir de esta pesadilla. Ver cómo llega a casa, cuelga su abrigo y va al salón a ver la tele.

¿Mi mayor miedo?  Que se levante, que venga a pedirme cualquier cosa, aunque sea lo mínimo, un beso  o un vaso de agua. Da igual, sea lo que sea, acabará en bronca. Veo la vida pasar y no soy capaz de hacer nada. Si me voy, él viene a buscarme; si me quedo, él va a venir a buscarme igual.

¿Mi mayor herida? El moratón que tengo como corazón. Al principio pensé que fue un accidente esa bofetada que me dio, pero sabía que no sería la última. Lo peor de todo ha sido guardar silencio durante tanto tiempo, ese silencio que me ha ido reconcomiendo por dentro.

Le tendí la mano y me ha cogido el brazo, ya no puedo hacer nada para remediarlo. Realmente le quiero tanto que no sería capaz de dejarle solo. ¿Qué haría sin mí? Necesita que le cuide cada vez que está enfermo, que le prepare su ropa antes de ir a trabajar, sus baños relajantes para que se olvide del estrés que lleva encima, las cenas que con tanto corazón le preparo…

Algún día cambiará, estoy segura de ello. Aprenderá a apreciar a la mujer que tiene, a amarla, respetarla, hacerla feliz por siempre…

Aunque cada día es más habitual pasar del amor al odio, cualquier chispa hace estallar todo el genio que lleva dentro. Me espanta el oír el sonido del vaso reventar contra el suelo, las fuertes pisadas que se aproximan hacia a mí después de ello. A veces me pregunto cuál ha sido el error que he cometido para tanto grito, él solo contesta que todo es mi culpa. Quizás tenga razón, soy una inútil y no sirvo para nada.

A veces escribo para desahogarme, para que el día que cambie yo pueda sentirme satisfecha al leer esto y ver cómo le he hecho recapacitar. Soy muy fuerte, he conseguido superar todo aquello que se me ha puesto por delante. Voy a corregir mis fallos para hacerle sentir a gusto, que venga feliz a casa cada día.

Quizás va a costar un poco, cada fallo supone un grito y cada grito un nuevo golpe. Es como jugar al ajedrez con un profesional, un movimiento en falso y ves tus piezas caer poco a poco.

He dejado amistades de lado, mi familia, toda mi vida cambió cuando llegó él, pero es que por amor soy capaz de hacer cualquier cosa… “

Y de un fuerte tirón Cristina arrancó esa hoja, no llegó a terminarla de leer. Sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, humedecían todo su rostro. Respiraba profundamente mientras seguía arrancando las páginas de su diario, guardándolas en una pequeña caja donde nadie pudiese llegar a encontrarlas nunca. Quería olvidar su pasado, encerrarlo en lo más profundo de su corazón para apartarlo de su vida. Cinco años perdidos, sufriendo en silencio agresiones que tenía que ocultar con un “me he caído en la bañera”, voces que aún resuenan en su cabeza, en las que solo se oye a un hombre gritar hasta reducirla, anularla como persona.

No le fue fácil salir de ese laberinto sin salida, donde el amor se convierte en miedo. Solo una persona pudo hacerla entrar en razón, su mejor amiga, la que nunca le abandonó. Esa era su madre, actual guardiana de su mayor secreto.

Día a día, nuevas personas entran en nuestras vidas y a veces somos marcados por ellas, pero nunca hay que apartar a la gente que siempre ha estado a nuestro lado, porque llegado el día en que te abandonen tus nuevos compañeros, quedarás solo, pues tú mismo te has apartado del mundo.

No te quedes en silencio ante cualquier tipo de maltrato, porque lo que en un principio parece un sueño, en una pesadilla se torna.

Yolanda Ortega

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