Cosas de la vida cotidiana: asesinatos, suicidios y vejez

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Nadie entendía el por qué, el suceso era confuso. Sus compañeros solo recordaban frases sueltas, gritos y nueve disparos, uno detrás del otro, así sin más. Quizás los celos le hicieron actuar como alma que lleva el diablo, quizás no quiso acostumbrarse a compartir sus comidas, el tiempo de trabajo con aquel ser tan parecido a él, pero eso no era razón para matarlo…

 

Ahora, lo único cierto es que allí se había cometido un crimen. Se sabía el arma de fuego, una pistola; y el culpable…

 

Parecía que al final, después de sus macabros actos un sentimiento de culpabilidad le invadía, o simplemente tristeza.

 

Unos pensaban que a lo mejor su intención no era matarlo, solo asustarlo para que respetase su espacio vital, aunque no estaba en manos de este respetarla, pues todos dependían de una mano que los movían como marionetas.

 

Otros recordaban que habían sido nueve tiros, a eso no se le llama accidente, eso es un asesinato en toda regla.

 

Nadie se había molestado siquiera en quitar el cadáver y limpiar lo manchado, pues los sesos de la víctima se encontraban desparramados sin ton ni son…¿quién iba a pensar que eso podía ocurrir? 

 

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Después de tantos años de esperas, vivencias, penas y alegrías, sueños, fantasías, miedos, rencores…después de ver pasar la vida y reflexionar sobre todo lo vivido, uno es capaz de pasear entre jóvenes dulces, hermosos, verdes, grandes y corpulentos, con la más absoluta dignidad. Andar firme, apoyado en su bastón, un poco encorvado y con la piel arrugada por la vejez, pero con muchísima dignidad, bajo la atenta mirada de esos jóvenes prepotentes y creídos que aún no han aprendido ni siquiera el verdadero significado de “vida”.

 

Y es que puede que la vejez sea fea o dolorosa, pero la experiencia adquirida, los recuerdos amontonados en un espacio inmaterial, las personas que han pasado por su vida, las cosas que vio con esos ojos ya turbios, los sentimientos que experimentó…eso no está pagado con nada, o quizás sí, con el paso del tiempo. 

 

3

 

Querido lector:

 

No sé quién leerá esto, pero cuando lo lea yo ya no estaré aquí. Ya nada tiene sentido, lo intenté todo, pero Donuts siempre prefiere a otras, no lo entiendo…dice que mis manchitas negras, esas que mi madre llamaba “pequitas monísimas, que te dan un toque único, un sabor especial, tu propia personalidad”, él las llama manchas, manchas sucias y feas sin remedio, dice que hay otras más guapas y que no le merezco la pena.

 

Kinder Bueno se enfadó conmigo en el momento en el que empecé a tontear con Donuts, mi amor platónico. Yo sé que el me apreciaba mucho, bueno, realmente sé que me quería. Pero a su lado…me siento incómoda. Él con ese cuerpazo, canijo y alto; y yo rechoncha y bajita, lo nuestro no habría funcionado.

 

En un primer momento mi intención fue meterme en el horno, sí, como he hecho; pero solo para tostarme y que así desaparecieran mis manchitas. Al final decidí que lo mejor era desaparecer, quitarle problemas al mundo y a mi misma. Gracias por leer esto hasta el final.

 

Firmado:

Magdalena.

 

PD.: dígale a Kinder Bueno que le amo y que deje de pelearse con Huesito, solo quiere picarlo.