Una pequeña historia oriental…

Cuenta la leyenda, que en un viejo pueblo dejado de la mano de Dios llamado Sanpai, vivía un monstruo mitológico, un Grifo, a quien todos los habitantes de este pueblo temían. El Grifo vivía en lo alto de la montaña más alta de la zona, un poco más arriba de donde se encontraba la villa, y había sido encerrado por Kami, el dios supremo, en la cueva más profunda de Sanpai para que no pudiese escapar y hacer que el mundo fuera el caos.

Sanpai estaba tranquilo. Era una tarde soleada, en la que dos jovenes llamados Hiro y Tasuke paseaban por la ribera del río que atravesaba la villa. Estaban aburridos de jugar y pasear siempre por el lugar de siempre, por lo que pensaron en romper la rutina e investigar un poco los alrededores del poblado.

Hiro, deseoso de explorar su tierra, le propuso a Tasuke salir del poblado e ir hacia el frondoso bosque que lo envolvía, en busca de emocionantes aventuras que vivir. Los chicos corrieron atravesando todo el bosque, topándose con una enorme roca que les llamó mucho la atención, ya que jamás habían visto un risco tan grande como ese.

-Podríamos subirlo-, dijo Hiro abrumado dirigiéndose a su compañero.

-¿Por qué no? Tengo curiosidad en qué se encuentra en lo alto de esta roca, ¡Vamos!-, le contestó Tasuke justo antes de acercarse a la enorme piedra y afianzar sus manos en las zonas que parecían seguras para comenzar a escalar.

Nuestros protagonistas comenzaron a subir la enorme piedra con gran dificultad, pero sus ansias de conocer y explorar nuevos territorios eran mayores. Lo que desconocían es que en esa montaña estaba encerrado el Grifo, el monstro tan temido por los aldeanos de Senpai.

Nada más que llegaron a la cima, se percataron de que una gran gruta llevaba al interior de la montaña, y aunque estaban cansados de escalar se adentraron en ésta. Avanzaron con rapidez, pero un descuido de uno de los niños hizo que el Grifo fuera liberado de su prisión, y al momento salió volando de allí, saliendo de la cueva instantaneamente y posándose en la roca más alta, soltando un alarido que resonó por toda la zona. Los niños, con miedo, corrieron hacia la salida, observando como el Grifo sobrevolaba su poblado por lo que pensaron que sería el fin.

Pero un agujero se fue haciendo entre las nubes, dejando ver un rayo de luz entre estas y cayendo hacia la tierra: Era el dios supremo, que había bajado del cielo a socorrer a los niños y a los aldeanos. Éste le concedió a Hiro una valiosa espada con la que poder derrotar al Grifo, y a Tasuke le ofreció un arco con flechas mágicas que debilitarían a la bestia para que su derrota fuera más sencilla, además de un elixir que puede curar cualquier herida, por muy profunda que fuera.

Así pues, los muchachos fueron conducidos por Kami hasta donde el Grifo había aterrizado tras su vuelo por encima de las casas de la aldea, y con valentía Hiro embainó su espada y Tasuke apuntó con su arco, empezando a tirarle flechas que con gran agilidad el Grifo esquivaba haciendo sorprendentes piruetas por el aire, hasta que Hiro se lanzó contra él cuando ya estaba en el suelo, dándole una fuerte estocada en una de sus alas, por lo que no podía volar.

La bestia inmóvil, los chicos a la defensiva. Parecía que el duelo había finalizado. Pero el Grifo usó su arma secreta. Un gran destello de luz salió de sus ojos lanzando un potente rayo, que quemó uno de los brazos del pequeño Tasuke, por lo que soltó el arco y cayó al suelo. Como acto reflejo, Hiro lleno de rabia le dio el golpe definitivo al Grifo, justo en el corazón por lo que cayó abatido al suelo, soltando después un último aliento, y finalmente quedando todo en silencio.

Hiro se giró hacia Tasuke y fue corriendo hacia él. El pequeño estaba tendido en el suelo con los ojos cerrados, viéndose como su pecho subía y bajaba a causa de que dificilmente podía respirar, con el brazo totalmente calcinado. El muchacho se derrumbó ante Tasuke, ya que pensaba que iba a perder a su mejor amigo, pero recordó que el dios Kami les había dado un elixir, el cual cogió de la bolsa que Tasuke llevaba consigo y se lo dio con urgencia. Después de dárselo, Hiro observó como el brazo de su amigo iba volviendo a su estado normal, por lo que su tristeza desapareció y esbozó una amplia sonrisa, aún con las lágrimas que inevitablemente brotaban de sus ojos.

Y así es como Hiro y Tasuke salvaron la aldea de la peligrosa bestia mitológica, con ayuda de las armas brindadas por el dios supremo. Ambos chicos regresaron a su aldea, y vieron el estropicio que el Grifo había causado pero fueron recibidos como héroes, por lo que siempre serían recordados.

 

Sandra Peláez Gómez. 1º BACH. B

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