Carta a una amiga

No siempre las personas están dispuestas a escribir a aquellos a los que más quieren. Guardan en lo más profundo todo aquel sentimiento que nunca dejarán salir, bien por vergüenza o por cualquier motivo que le impide expresarse. Es cierto que una mirada vale más que mil palabras, tú cada vez que me miras y me dedicas una sonrisa me haces sonreír a mí también, me trasmites todo aquello que nunca me has dicho.

Yo quisiera decirte esto a la cara, pero ya sabes que no puedo. Eres una de las personas que más me conocen y la guardiana de todos aquellos secretos que solo tú tienes derecho a saber.

Tantos años de amistad y nunca he sido capaz de mirarte a los ojos para decirte lo mucho que te quiero, pero como bien he dicho antes, a veces las palabras sobran.

Sabes que estos últimos meses lo estuve pasando muy mal, nuestra amistad peligró por un estúpido juego. Ir a clases sin ganas, no estar atenta a las explicaciones por sentirme próxima a ti, como si pudieses leerme el pensamiento. Realmente, si tú pudieses saber lo que pienso, te darías cuenta de la verdad de mis palabras.

A veces me tachas de mala amiga por no comprender cómo te sientes, ahora puedo decir que sí que sé por lo que tú estás pasando. Los verdaderos amigos se ponen en la piel del otro en todo momento, ¿no? Yo estoy tanto en lo bueno como en lo malo, siempre, aunque en ocasiones no me pueda expresar como quiero. Sabes que la lengua se me traba cuando me pongo nerviosa y que me es imposible comentar aquello por lo que sufres.

Cinco meses, cinco meses han sido mi muerte, por decirlo de algún modo. Sentir cómo vas perdiendo a tu mejor amiga poco a poco y cualquier intento por arreglarlo va hundiendo más la situación. Pero muchas veces hay que tocar fondo para coger impulso y salir a la superficie de nuevo.

Yo nunca hubiese perdonado a nadie lo que tú me hiciste, lo sabes, pero a ti te quiero de tal forma, que soy capaz de perdonarte lo imposible. Tú has sido la única persona capaz de hacer que me trague mi propio orgullo para pedir perdón, la única. ¿Y sabes? Eso es algo que solo tú puedes conseguir. ¿El por qué? Ni siquiera yo lo sé…

Volver a recobrar tu amistad ha hecho que vuelva a sonreír, que ir a clases no se convierta en una carga siempre que tú estás, porque una conversación contigo tiene más peso que todas la que pudiese tener con cualquier otra persona, porque tú me haces feliz.

Siento todos los malos momentos que hemos pasado, pero los mejores están aún por llegar. Gracias por todos esos minutos, días, meses, años que me has dedicado, porque han sido los mejores. No cambiaría ni un solo segundo contigo, más de una persona desearía vivirlos de la misma forma.

Ser capaz de reírse de la mayor tontería, parecer tontas sin que nadie comprenda la gracia del asunto, hablar en códigos que ni nosotras entendemos a veces… Esas cosas, esos pequeños detalles que contigo se convierten en un mundo.

Gracias, gracias por todo. Gracias por esos abrazos que me dabas cada vez que me veías llorar, cosa que solo tú me has visto hacer. Gracias por esas sonrisas, que solo yo he podido disfrutar. Gracias por esas miles de historias que nos quedan por vivir y por esas miles de anécdotas más que nos quedan por contar.

Y recuerda, nunca llores por nada, tú eres muy fuerte. ¿Porque sabes qué? Nunca llueve eternamente…

 

 

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